EL ADN Innovador y cómo potenciarlo en mi empresa

Resumen de la charla del evento Networking Virtual de Sara Correal, ingeniera de diseño de producto y asesora de los empresarios de Sistemas de Innovación.

El ADN innovador está en cada miembro de la compañía y todos ven algo diferente sobre alguna situación particular que queramos resolver a través de la innovación. Es por eso que es fundamental el trabajo en equipo para poder articular todas esas formas divergentes de ver un mismo tema.



La innovación es un cambio y este siempre será difícil al comienzo, pero maravilloso al final. Traerá aprendizajes, metodologías nuevas, estructuras nuevas y evolución en los procesos, entre otros.

Es a partir del cambio cuando comienzan a surgirnos preguntas como: ¿será este negocio rentable? ¿Si estamos yendo por el camino que es? ¿Podremos superar este estado de incertidumbre permanente? ¿Qué productos o servicios nuevos debemos crear?

Para responder todos esos cuestionamientos hay que empezar a buscar herramientas y metodologías, hacer uso de la tecnología como habilitador y trabajar en alianza para poder darle solución a estas problemáticas.

Además, en nuestra ruta innovadora aparecen conceptos como transformación digital, evolución, reinvención, y es ahí donde tenemos que aprender a hablar de gestión de innovación, porque estamos en un momento de colapso en el que pensamos ‘¿Cómo lo hago?’

La gestión de innovación se sustenta en la existencia de una necesidad de creación de valor a los clientes internos (colaboradores) y externos (clientes) y en valorar todos aquellos activos intangibles de la organización los cuales le permiten entregar valor a sus diferentes grupos de interés y ser sostenibles en el tiempo.

Esta gestión ayuda a encontrar servicios y productos centrados en los usuarios y a tener una gestión abierta a colaborar con los grupos de valor internos y externos para el desarrollo de proyectos de innovación.

Asimismo, para resolver los desafíos de innovación hay que tener en cuenta 4 pasos: primero, hay que comprender el problema, siempre entendamos que es lo que estamos trabajando, en esa fase inicial vinculamos a los actores para saber qué está sucediendo y qué soluciones se consideran.

El segundo paso es inspirarse, hablar con la gente, investigar sobre que se ha hecho antes que resuelva esa problemática o alguna similar, buscar alianzas con otras empresas que estén en esa curva innovadora para que nos aportemos mutuamente.

El tercer paso es idear a partir de la inspiración, crear muchas y diversas soluciones al problema y generar una lluvia de ideas que nos permita abrir un abanico de posibilidades para pasar al cuarto paso.

Lo último es probar la idea a partir de prototipos, realizar ese modelo blando que materialice la idea que nos pareció más pertinente, de esta forma la testeamos con los usuarios para mirar su funcionamiento. Son estas pruebas las que nos darán pistas para tomar decisiones sobre: si se mejora el proceso, el prototipo o si se cambia de idea o estrategia. Todo dependerá de los resultados arrojados.

Ahora, es importante aclarar que no es innovación para tener más claridad con los conceptos:

La invención: necesita ser comercialmente explotada para calificar como una innovación ya que una invención en sí misma no es innovación.

La creatividad: algunos la definen como la capacidad para llegar a nuevas ideas brillantes u originales, sin embargo, la mayoría de ocasiones se quedan en lo abstracto sin que nadie las materialice.

Idea: una nueva y poderosa idea puede ser planteada sin utilizarse en una empresa durante años, no porque sus méritos no se reconocen, sino porque nadie ha asumido la responsabilidad de su conversión de las palabras a la acción.

Lo bonito es que por sí solos estos conceptos no se consideran innovación, pero la unión de los mismos permite que haya innovación, es decir, la creatividad ayuda a generar nuevas ideas que se transforman en invenciones, estas se convierten a su vez en innovación cuando se pueden aplicar y generar valor.

La innovación siempre debe estar conectada con la estrategia, solo de ese modo podrá ser parte del compromiso del equipo de trabajo de la compañía. Aquí es importante hacer una invitación y es que sean amigos del error, se vale equivocarse, siempre que podamos aprender de ello. La experimentación es el mejor amigo de la innovación.

Algo muy importante y que sé que muchos se preguntan es ¿qué habilidades se deben fortalecer para innovar? Te compartimos algunas recomendaciones:

Preguntar: no dar nunca nada por sentado, entrenarse en esta capacidad porque así ampliamos nuestro espectro mental, nuestro abanico de opciones y posibilidades. Cada vez que preguntamos encontramos respuestas sabias y aumentamos nuestro conocimiento.

Asombrarse: recuperar la capacidad de asombro nos hace ver cosas que antes ignorábamos. Así funciona la innovación, muchas veces no es encontrar lo más abstracto y tecnológico, sino fijarse en los pequeños detalles.

Creer lo increíble: la innovación es materializar lo que se creía imposible, poner esfuerzos para realizar proyectos que muchas otras personas consideran inviables. Todo proyecto bien planteado es materializable. Muy importante, si yo mismo no creo en lo que estoy haciendo lo más probable es que no funcione.

Ritos creativos: comenzar por cosas sencillas que estimulen nuestra mente, por ejemplo, comer con la mano contraria, revolver el café en la otra dirección, cambiar la rutina, solo así ejercitamos nuestra creatividad.

Para la innovación es muy importante ser un líder, pero un líder que escucha, que se pone en los zapatos de los clientes, hay que ser muy proactivo, tomar consciencia de lo que se hace, tener persuasión, prospectiva y administrar el recurso humano y económico.

Hay que trabajar en equipo, los problemas de hoy son tan complejos que no podemos resolverlos solos, es importante que no tengamos roles fijos, es evidente que tiene que haber personas encargadas de ciertas tareas, pero en la medida que pongamos nuestro conocimiento al servicio del proyecto por partes iguales obtendremos mejores resultados.

Para sostener el ritmo de innovar hay que hacer de ese proceso algo único para cada organización, no solo por el producto o servicio, sino porque finalmente las personas que estamos en las organizaciones somos diferentes y todos vemos las cosas distinto.
























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