El claro concepto de Las Mazamorras de Urabá

Las Mazamorras de Urabá nació en el municipio de Apartadó en 1.992 como un local de cafetería- charcutería llamado el Banano Pasa, debido a que el dueño del lugar era en su momento la única persona en la región que deshidrataba banano para la venta como dulce o souvenir.

La naciente charcutería ofrecía distintos productos desde bebidas calientes, desayunos, ensaladas de frutas y salpicón. La mazamorra y el claro eran un producto más de la carta que luego poco a poco se fue posicionando hasta convertirse en las bebidas típicas anclas del modelo de negocio.


El nombre surgió a partir tanto de la fama que fue cogiendo la mazamorra como producto principal, así como del mismo reconocimiento que las personas le daban al sitio como lugar de encuentro y punto de referencia en el municipio de Apartadó.


Al frente del negocio estaba ubicada la empresa Sotragolfo, organización dedicada al transporte intermunicipal y con algunas rutas rurales. En este punto llegaban personas de diferentes partes del municipio y la región para tomar su transporte y el local con el tiempo se convirtió en punto de encuentro y espera.


Tanta fuerza tomó como lugar de encuentro que en octubre de 2016 se protegió el nombre ante la Super Intendencia de Industria y Comercio registrándose como Las Mazamorras de Urabá.


La empresa se dedica a la fabricación tecnificada y con calidad, de productos alimenticios típicos a base de maíz y banano, con un modelo de comercialización y distribución propio, basado en una red de 13 tiendas gastronómicas ubicadas en Chigorodó, Carepa, Apartadó, Turbo, Necoclí y una en Medellín.


Una pandemia crítica


Atravesar el proceso de pandemia fue todo un reto, según describe la gerente, pues las condiciones fueron adversas desde los cierres parciales y luego totales que afectaron los puntos de venta. Dichos cierres hicieron que las ventas fueran por domicilio y se notaron notablemente reducidas, por lo que fue complejo superar los retos de no contar con flujo de caja.


“El proceso ha sido muy difícil, inicialmente fue complicado reconstruir los nuevos equipos de trabajo que se perdieron por la inactividad de la empresa. Sin embargo, fue una oportunidad para ajustar los nuevos perfiles que se requerían en el reto de una reactivación económica donde la productividad ha jugado un papel muy importante para sobresalir en entornos oscuros e inclementes frente a las ausencias del Estado en temas de control de la informalidad, tanto en los comercios tradicionales como los virtuales” Ángela Montoya, gerente de Las Mazamorras de Urabá.


Con la llegada de las normas de bioseguridad, la empresa se adecuó a los lineamientos establecidos en medio de un entorno inestable en cuestiones de diseño, actualización e implementación de las normativas, sumado a la falta de garantías y la desigualdad con respecto a la informalidad.


Cuando el mercado se abrió nuevamente ya los costos financieros asumidos por los alivios logrados en la época de la crisis de pandemia, habían ajustado mucho el cinturón. Sin embargo, pese a que no muestran el nivel de ventas que se tenía antes de la pandemia, se lograron recuperar los 63 cargos que existían antes de la pandemia.


Esta nueva realidad ha supuesto un reto al intentar lograr los niveles que se tenían antes en producción y venta, a fin de cubrir la operación actual y la pasada con los 6 meses de baja en los que la organización presentó pérdidas.


La innovación, una apuesta que no es nueva


Se describen como una empresa inquieta y reflexiva que busca permanentemente fortalecerse para trabajar de una manera más armónica desde lo ambiental y social.

“Innovar es importante porque nos permite generar nuevas conversaciones, ver cosas que antes no veíamos, reflexionar, tener una nueva mirada e identificar si lo que hacemos está generando valor o no a la organización. Lo anterior, se ve reflejado en un flujo de caja saludable, esto nos lleva ver la organización desde otros observadores”. Indicó la gerente de Las Mazamorras de Urabá.


El programa Mipyme Innova ha sido muy importante para Las Mazamorras de Urabá porque les aportó herramientas nuevas para ampliar la mirada frente a su modelo de negocio, pensando la innovación no como un tema de grandes empresas, sino como un proceso biológico que puede hacer todo tipo de organización para ser más competitivo y sostenible en el mercado.


Además, han tenido una participación activa en el ecosistema desde hace más de 10 años, involucrándose en programas cómo Alianza para la Innovación, Plan exportador de ProColombia, Fábricas de productividad, Antójate de Antioquia, Innova Antioquia, y han recibido el reconocimiento como Primera empresa B de Urabá.


Todas estas alianzas y programas son los que les han ayudado a evolucionar y a sobrellevar momentos de crisis. En un futuro la empresa se visualiza altamente rentable, innovadora, con presencia en mercados nacionales y con adecuación de oferta exportable; una propuesta acorde a la gran preparación y orden que ha demostrado lo que empezó como una charcutería y ahora es un referente en Urabá.











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